Orson y la magia: la última pasión oculta de Welles

El norteamericano George Orson Welles (1915-1985) es uno de los hombres de cultura más conocidos y reconocidos en el ámbito internacional, y también uno de los que más influencia ha tenido en los campos artísticos en los que dejo huella, que no son pocos. Actor, guionista y director de cine, principalmente, pero también monstruo de la radio y líder intelectual, Welles no dejaba a nadie indiferente, especialmente si a toda esta potencia creativa le añadimos una buena dosis de personalidad desbordante y excéntrica. Obras memorables como la archiconocida dramatización radiofónica, en 1938, de La guerra de los mundos, de H.G. Wells, que desencadenó una crisis de pánico en los EE.UU., con masas atemorizadas que creían de verdad que se encontraban en medio de una invasión alienígena, o su debut en la gran pantalla con la insuperable Ciudadano Kane, grabaron su nombre en la historia con letras de oro. Sin embargo, lo que pocos saben es que bajo toda esta serie de éxitos, admiración y fama Welles escondía una última vocación artística, su gran pasión oculta: la magia.

Wells siempre se otorgaba un toque oriental

 

De pequeño Welles ya había mostrado una predilección especial por el ilusionismo, ya que por el hotel de mala muerte donde vivía con su padre alcohólico pasaban artistas de circo que estaban de paso. El joven Orson guardaba como un tesoro uno de sus primeros regalos de infancia, una caja de trucos de magia, y con 20 añitos ya fundó su primera compañía, el Mercury Theatre. Para él el secreto era siempre lo más importante, y esta concepción del espectáculo, que bebía fundamentalmente de la magia, sería la que exportaría a sus obras, tanto en el teatro, primero, como en la radio y el cine, después. Toda ilusión se construye en la mente del público, que es quien la transforma en una experiencia única. Tras La guerra de los mundos, Welles, ya una celebridad, afrontaría un conflicto bélico de verdad: la Segunda Guerra Mundial. Para animar a las tropas aliadas transformó su compañía en el Mercury Wonders Show, cuyo número estrella consistía en cortar por la mitad a su mujer, ni más ni menos que Rita Hayworth. Ahora bien, a la Paramount no le hizo mucha gracia el espectáculo, y Hayworth tuvo que ser remplazada por Malrene Dietrich. ¡Casi nada!

Wells y Dietrich: una pareja de primer nivel

 

Después de la guerra Welles rompe con el sistema de Hollywood por motivos políticos y huyendo de la caza de brujas anticomunista en el país: se ve obligado a “exiliar-se” a Europa entre el 1948 i el 1956, y durante este período, por cierto, se enamora de España. A lo largo de toda su filmografía Welles utiliza técnicas y recursos propios del ilusionismo y, además, le encanta interpretar a él mismo el papel de mago (como decía Houdini), como en Black magic o el documental F for fake, considerada una de sus mejores obras. Finalmente, el proyecto The magic show, al que dedicó 10 años y en que contó con ilusionistas de prestigio, se convirtió en su auténtica pasión durante el tramo final de su vida, a pesar de quedar inacabado. En definitiva, un genio con vocación de mago… o viceversa.