Bicycle Cards: A las órdenes del Tío Sam

La cartomagia es una de las disciplinas de mayor éxito y con más seguidores dentro del mundo del ilusionismo. Y no es casualidad, ya que las cartas son, efectivamente, un elemento identificador prácticamente universal; una pequeña representación del entretenimiento ocioso, solo o acompañado, presente en todas las culturas y de manera absolutamente transversal: juegan grandes y pequeños, hombres y mujeres, ricos y pobres, monárquicos y republicanos. También es bastante habitual, además, que en cada país una marca emblemática sea la pionera en su fabricación y termine convirtiéndose en referente y sinónimo por antonomasia. En el caso español encontramos las famosas  VITORIA de Heraclio Fournier. Ahora bien, cuando hablamos de los EEUU, las únicas e inconfundibles son las cartas Bicycle.

Fabricación de cartas en la actualidad

La marca Bicycle cards se crea en una fecha tan temprana como 1855 bajo el amparo de la US Printing Company, más tarde rebautizada como US Playing Cards Company (USPCC) en 1894. Sus barajas, que recibían este nombre (‘bicicleta’) debido a que en sus primeras ediciones llevaban dibujado un velocípedo, se popularizaron rápidamente por todo Estados Unidos, y con el cambio de siglo pasarían a ser prácticamente un icono más del american way of life. Lo que las hace extraordinarias, sin embargo, no es esta parte de la historia, no, sino su estrecha relación con los esfuerzos bélicos del ejército norteamericano. Las cartas siempre han sido un buen aliado de los soldados a la hora de hacer más llevaderas las largas esperas en las trincheras y fomentar la camaradería, pero las Bicycle lo llevarían a otro nivel…

Soldados rusos durante un descanso, 1942

Durante la Gran Guerra la USPCC ya había producido series económicas de cartas para que los combatientes repartidos por los campos de batalla de media Europa pudiesen adquirirlas fácilmente. Sin embargo, sería durante la II Guerra Mundial que las Bicycle entrarían de lleno como arma, y es que los servicios de inteligencia aliados las usarían para ayudar a prisioneros de guerra (POW) a escapar del cautiverio nazi. ¿Cómo? Pues con ingenio: unas barajas especiales con cartas aparentemente normales pero que, en contacto con el agua, despegaban sus dos láminas de cartón para revelar el fragmento de un plano. De este modo, juntando todas las cartas se obtenía un mapa de huída para los reclusos que conseguían escapar o los pilotos que caían en territorio enemigo. Las cartas eran distribuidas por la Cruz Roja dentro de sus paquetes de Navidad  –entre otras cosas– para los prisioneros de guerra, y no levantaban sospechas entre los guardias alemanes. Las Bicycle ayudaron a 32 prisioneros a escapar de la fortaleza de Colditz y dieron pie a más de 300 intentos documentados de fuga. Se desconoce el número total de barajas que se fabricaron, pero la única que se conserva en la actualidad se encuentra en el Museo Internacional del Espionaje de Washington.

Sorpresa, sorpresa… ¡Evasión a la carta!