Los peligros de la magia: una profesión de riesgo (I)

Como ya hemos comentado por aquí en otras ocasiones, no todo es de color de rosa, en este mundo nuestro de la magia. Seguro que los que habéis salido a un escenario para hacer un truco y con la intención de conquistar al público sabéis de lo que hablamos. Eso sí, no sólo se trata del miedo escénico, el temor al gatillazo, a no caer en gracia o a que el maldito conejo no quiera salir de la chistera… No: la de los magos es también una profesión de riesgo, como demuestra la larga lista de incidentes (y accidentes) que se registran cada año y que en el mejor de los casos acaban en un susto más o menos gracioso. Hoy, sin embargo, empezaremos la serie hablándoos de un par de estos casos en los que las cosas se torcieron definitivamente…

 

  • Madame DeLinsky: Empezamos con uno de los clásicos. El truco de la pistola es uno de los más documentados y también de los más peligrosos (hasta 15 muertes confirmadas) si se quiere dotar de demasiado “realismo”… Esto es lo que le pasó a la señora DeLinsky. En 1820 era la ayudante de un conocido mago polaco, y se encontraban en Arnstadt (Alemania) para llevar a cabo una representación ante un numeroso público y el príncipe en persona. El truco consistía en sobrevivir a un pelotón de fusilamiento de seis hombres, para los cuales se prepararon seis cargas de fogueo. Desgraciadamente, todavía no se sabe por qué, uno de los tiradores cargó el rifle con una bala de verdad, con tan mala suerte que el arma apuntaba directamente al abdomen de nuestra protagonista… Murió en el acto y ni tan siquiera hubo cierta confusión, ya que el impacto fue letal y las reacciones, de pánico. Se desató el caos en la sala y los presentes no olvidarían este incidente jamás en su vida.

 

  • Joseph W. Burrus: Tristemente, uno de los casos más conocidos, y es que “Amazing Joe”, como se hacía llamar este norteamericano de 32 años, quería superar a su ídolo, ni más ni menos que a Harry Houdini. Así pues, la noche de Halloween de 1992, en el aniversario de la muerte del maestro húngaro, Burrus se hizo enterrar enmanillado dentro de un ataúd de cristal a 2 metros de profundidad y bajo 7 toneladas de tierra y cemento rápido. El evento, grabado en vídeo, terminó en tragedia. Aunque un intento similar anterior había salido bien, esta vez Amazing Joe no había calculado la presión del cemento y la velocidad con la que se secaría. Pronto los asistentes se percataron de que algo no iba bien. Joseph W. Burrus murió aplastado en directo y en presencia de su mujer y sus dos hijos…

 

Dos ejemplos representativos y que ilustran a la perfección los peligros que acechan al ilusionismo y la fina línea que a menudo separa la genialidad de la temeridad… ¡Continuará!