La Magia en el Cine (I)

Cine i magia son dos conceptos que a menudo aparecen unidos de forma indisociable. Hablar de la magia del cine es tan tópico como cierto, indudablemente, pero no lo es tanto hablar de la magia EN el cine. Y es que, metáforas a banda, ¿cómo ha tratado el séptimo arte el fenómeno del ilusionismo? No sólo desde un punto de vista práctico, en el que sin duda lo ha marcado desde su nacimiento − ¿qué son los efectos especiales, sino trucos de magia más o menos encubiertos? −, sino en cuanto a la materia en sí: la práctica del oficio, la figura de los magos, los mecanismos de un mundo tan fascinante como desconocido para la mayor parte del público… Hoy empezamos un repaso por los mismos inicios del cine, que, como veremos, están mucho más interrelacionados con la magia de lo que se podría creer a primera vista…

Uno de los fotogramas más famosos de la historia del cine: Le Voyage dans la Lune (1902)

 

El francés Georges Méliès es considerado uno de los padres del cine; un auténtico pionero que tomó el relevo inmediato de los hermanos Lumière, sus compatriotas inventores del cinematógrafo. Méliès regentaba un teatro de París, el Robert Houdin (¡¿más pistes?!), donde cada noche hacía trucos de ilusionismo acompañado de unos escenarios de fantasía que él mismo y que dejaban boquiabiertos a los asistentes al espectáculo. Sin embargo, todo cambiaría con la llegada de las imágenes en movimiento. Méliès no tardó mucho en intuir el potencial que la magia podía tener (¡que debía tener!) en lo que entonces era el arte emergente más influente de todos los tiempos. Su estilo era peculiar; le gustaba mezclar planteamientos surrealistas con imágenes oníricas y situaciones cómicas y frenéticas, el condimento perfecto para sus actuaciones teatrales. Así pues, no es de extrañar que un perfil como el suyo se sintiera fascinado por las posibilidades que le ofrecía el nuevo invento de los Lumière. Aunque empezó imitando al 100% el modelo de los hermanos creadores (escenas al aire libre, sin artificios y con elementos naturales), pronto se animó a experimentar con los efectos visuales. Así, por ejemplo, en 1896 fue el primero en conseguir hacer desaparecer una persona en movimiento. Un procedimiento que hoy en día nos puede parecer más bien tosco (parar la grabación durante un instante y mover el personaje de la escena). Pero que en ese entonces suponía toda una revolución dentro de la revolución que ya representaba el cine. Seguro de su éxito, el año siguiente creó su propio laboratorio cinematográfico, considerado el más antiguo del mundo, y la compañía Star-Film. De aquí nacieron grandes avances y técnicas innovadoras que lograrían trasladar la magia in situ de los ilusionistas al plano eterno de la gran pantalla (sobreimpresiones, fundidos, desapariciones, maquetas, personajes voladores, objetos que se mueven solos…). El resto ya es historia.

Méliès hace desaparecer una doncella en pantalla…

Georges Méliès murió pobre y prácticamente sin notoriedad. El reconocimiento a su obra no llegaría hasta muchos años más tarde, pero hoy su influencia en el séptimo arte, y, sobre todo, la magia como uno de sus elementos clave, resuena en cada estreno y butaca.