La cara B de David Copperfield (II)

La semana pasada os hablábamos del reverso menos luminoso de uno de los grandes astros del mundo de la magia; la cara de la moneda que suele quedar oculta, la parte menos bonita del show business, pero que nos demuestra que, detrás de toda carrera profesional, por muy brillante que sea, siempre hay cierto componente de trabajo sucio y de atarse los machos para hacer frente a los numerosos problemas y gajes del oficio…

La de David Copperfield es una figura compleja; poliédrica y con muchos claroscuros, por más que su legado en el mundo de la magia sea, en conjunto, tan positivo como indiscutible. Hoy no haremos referencia  a los incidentes –y accidentes– que haya podido vivir a lo largo de su más que dilatada trayectoria, sino a otra vertiente aun menos conocida… aunque con altas dosis de escenificación: el Copperfield litigante.

David, buen chico, siempre listo para un juicio
  • El secretismo de la magia: En 1994 David Copperfield denunció a Herbert L. Becker ante la intención de este de publicar un libro (All the Secrets of Magic Revealed) en el que ponía al descubierto los trucos de los principales ilusionistas del momento. Becker ganó el juicio, pero finalmente la obra publicada no contenía ninguno de los trucos de un Copperfield que previamente había llegado a un acuerdo de confidencialidad con el autor… O sea: dinero a cambio de silencio. Una muestra de los recelos del mago respecto a sus “hijos” y de su capacidad de moverse entre bastidores para evitar que pierdan el factor sorpresa…

  • La mujer florero: Copperfield también tuvo la magia de su parte a la hora de encontrar el amor… Y es que durante cinco años (1994-1999) estuvo emparejado, ni más ni menos, que con uno de los iconos sexuales más famosos del planeta: la modelo alemana Claudia Schiffer. Sin embargo, varios rumores dejaban entrever que su relación era una simple construcción publicitaria. Finalmente, en 1997 la revista Paris Match lo hizo público y el artista no tardó en denunciarla por 30 millones de dólares. Ambas partes llegaron a un acuerdo económico dos años después.
Vaya par de tortolitos…
  • La isla privada: Musha Clay es una isla paradisíaca de las Bahamas que hasta 2004 había pertenecido a John Melk, el multimillonario fundador de la empresa de alquiler de películas Blockbuster. Copperfield la compró ese mismo año a través de una sociedad anónima. ¿El problema? Pues que Melk se sintió estafado, puesto que él nunca habría vendido la propiedad al ilusionista, que, en su defensa, argumentó que, de haber revelado su nombre, Melk habría querido sacar partido de su fama para pedir un precio desorbitado. Tras unos meses de litigaciones, los dos llegaron a un acuerdo confidencial en 2006.

 

Ande yo caliente…