David Blaine, el heredero de Houdini

Hoy cumple 45 años uno de los magos más famosos a nivel internacional. Aunque impacto mediático y reconocimiento profesional no siempre van de la mano, David Blaine combina ambos a la perfección. De hecho, algunos le consideran el sucesor espiritual de Harry Houdini (¡ahí es nada!), ya que este artista estadounidense se ha caracterizado, sobre todo, por saber explotar la vertiente del espectáculo más relacionada con las pruebas de resistencia y los retos físicos que con el ilusionismo y los clásicos trucos de cartas o juegos visuales. Como en el caso de la leyenda húngara del escapismo, Blaine también basa sus actuaciones en una estrecha relación con el público, en ocasiones muy numeroso, que presencia sus proezas. Sin ir más lejos, uno de sus primeros éxitos más sonados tuvo lugar en 1999 –precisamente un 5 de abril–, cuando fue enterrado vivo y durante una semana permaneció tumbado metido en un ataúd de cristal metido dentro de un tanque lleno con 3 toneladas de agua. Sin comunicación con el mundo exterior, su único alimento fueron tres cucharaditas de líquido al día… Lo que Houdini no pudo llegar a poner en práctica debido a su prematura muerte, lo cumplió un joven de 26 años que lo tenía como ídolo. Si eso no es magia…

Más allá de estos paralelismos, David Blaine es otro claro ejemplo de olfato para el negocio y la innovación en un sector con muchísimos años de tradición y en el que nunca está todo inventado. Como tantos otros, empezó su carrera en la calle, llevando a cabo juegos de cartas, ilusionismo con objetos, levitaciones y hasta numeritos con animales. Acompañado por un cámara, pronto atrajo la atención de los medios y saltó al estrellato con sus primeros programas de televisión: Street Magic y, sobre todo, Magic Man, en el que recorría EEUU con un pequeño equipo doméstico y dejando boquiabiertos, con su talento y un característico tono pausado y afable, a todo tipo de gente. Sin embargo, la verdadera magia de Blaine fue su giro de 360º en el concepto del espectáculo: ya no era el mago, el centro de atención, sino su público. Más impactante que la actuación eran las mismas reacciones de los espectadores y su relación activa ante lo que estaban viendo… Muchas de las dinámicas propias del ilusionismo contemporáneo se basan en este giro copernicano en la forma de entender el show. Lo demás ya es historia, como la de este no tan joven de 45 años que quiso ser como Harry Houdini… y que, en muchos aspectos, estuvo a la altura.

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