La linterna mágica: brujería y cine en el siglo XVII

Muy pocos deben de estar al corriente hoy en día sobre el debate académico acerca de la disputa entre Athanasius Kircher y Christiaan Huygens en lo que respecta a la invención de la linterna mágica. Como en el caso de Graham Bell y Antonio Meucci en relación al teléfono, parece que uno de ellos tuvo la fama y el otro cardó la lana… Pero empecemos por el principio: ¿Qué caray es, la linterna mágica? Pues uno de los ingenios más sorprendentes e interesantes de la historia audiovisual y un precedente arqueológico del cine… ¡En pleno siglo XVII!

La linterna mágica en sus toscos orígenes

Aunque las sombras chinas y las actuaciones teatrales que las tomaban como base ya eran bien conocidas desde hacía siglos, el aparato que fabricó Kircher (o Huygens, como podrían  demostrar descubrimientos recientes) suponía una auténtica revolución en el uso de la luz para la proyección de imágenes fijas. Hablamos, de hecho, del primer artefacto ideado para hacerlo posible y, por lo tanto, del bisabuelo del cine y de todo el espectáculo audiovisual en general. Se trataba de un sistema rudimentario por el cual se situaba un foco luminoso dentro de una pequeña caja y unas lentes que permitían proyectar, encima de una superficie plana, imágenes fijadas en unos cristales que se podían ir intercambiando de manera manual. Este foco de luz era, en principio, una simple lámpara de aceite, de modo que para poder dejar salir el humo la máquina tenía que llevar incorporada una pequeña chimenea. ¡Un trasto de primera! Al principio sus usos fueron sobre todo recreativos y para el entretenimiento de las élites sociales, pero pronto se vio el potencial que tenía, también, como herramienta didáctica y de divulgación entre el público popular. Eso no quita, sin embargo, que los primeros visionarios que contribuyeron a difundir la linterna mágica eran vistos más como magos y espiritistas que como científicos o técnicos. De ahí este nombre originario de linterna mágica… De hecho, una de sus aplicaciones más habituales fue, ya a partir de finales del siglo XVIII, para las llamadas fantasmagorías, representaciones pseudoteatrales en espacios cerrados en los que, con uno o varios aparatos, se proyectaban imágenes tenebrosas en las paredes y en el techo (esqueletos, murciélagos, demonios, etc.) y que, junto a un decorado macabro y otros estímulos visuales y sonoros, provocaban auténtico terror entre un público mucho menos acostumbrado que el actual a las pequeñas trampas del mundo del espectáculo…

Grabado de una fantasmagoría a finales del s. XVIII

 

¡La prehistoria del negocio del ilusionismo!