Harry Houdini: 144 años después

3 de julio de 1878, Nueva York. Como miles y miles de inmigrantes en busca de una vida mejor en el Nuevo Mundo, el rabino Mayer Samuel Weiss y su esposa, Cecilia Steiner, dos húngaros de origen humilde procedentes de Budapest, desembarcan desde un viejo y destartalado buque, el SS Fresia, para poner pie, por vez primera, en territorio norteamericano, la tierra que se convertirá en su nuevo hogar para siempre. Con Cecilia embarazada, el matrimonio ya cuenta con cinco hijos cuando llega a América. El mediano, Erik, pasará a la posteridad como uno de los mayores maestros del espectáculo de todos los tiempos. El funcionario de inmigración anotará su nombre como Ehrich Weiss, aunque sus amigos y conocidos pronto lo rebautizarán como Harry. El apellido artístico que lo hará inmortal, la leyenda Houdini, no aparecerá hasta más tarde…

Pocos saben que Houdini, precisamente, fue el pequeño homenaje del húngaro a Jean Eugène Robert-Houdin, un reconocido mago francés de la época. El joven Erik (Harry, a partir de ahora) empezó como trapecista con tan sólo seis años, y bien pronto descubrió su talento para la magia y el ilusionismo, muy en boga en esa época. Sus inicios fueron bastante convencionales y sobre todo con trucos de cartas. Sin embargo, la fama mundial no le llegaría como Master of Cards, sino gracias a una nueva forma de espectáculo que él mismo contribuiría a difundir y perfeccionar: el escapismo. Escapar del peligro; huir de lo imposible. Lo que hasta entonces sólo era un recurso barato de espiritistas de medio pelo se transformaría en un auténtico fenómeno de masas gracias al talento de Harry Houdini. En 1899, y tras dejar boquiabierto al mánager Martin Beck, el nombre de Houdini empezó a encabezar los principales carteles de vodeviles y teatros de EEUU. Poco después, una gira europea lo acabó de encumbrar como estrella mundial y rey de reyes en los escenarios. Su legado es tal que hoy en día este apellido inventado es sinónimo de virtuosismo escurridizo y capacidad de supervivencia en situaciones límite.

Hoy celebramos los 144 años de su nacimiento, un 24 de marzo de 1874. Deberíamos recordar, no obstante, y más allá de sus grandes actuaciones e innombrables números para el recuerdo, la verdadera esencia del maestro: su puesta en escena, la conexión con el público, la esencia del sentido del espectáculo. Esos atributos que desea cualquier mago. ¡Houdini en estado puro!