El Código Houdini: Genio y figura, antes y después de la sepultura

El de Harry Houdini es uno de esos nombres que no necesita de presentación alguna. Maestro del escapismo, ilusionista portentoso y pionero de este arte –y sobre todo de su introducción en el mundo del espectáculo, el húngaro Erik Weisz (su nombre real de nacimiento, en 1874) es una de las figuras más conocidas (y reconocidas) mundialmente, hasta el punto que este apellido se ha convertido en sinónimo de huidas imposibles i del éxito a la hora de salir o dejar atrás situaciones complicadas; escapar del peligro cuando ya todo parece perdido. Un auténtico genio en lo que a construcción del espectáculo se refiere. Sin embargo, el que había empezado como un mago cómico y risueño fue adoptando, cada vez más, un tono misterioso y trascendente. De hecho, se cree que Houdini se inició en el escapismo tras asistir a varias sesiones de espiritismo, en las que algunos videntes llevaban a cabo una actuación con el fin de evitar sospechas de fraude: se ataban con cuerdas y simulaban liberar-se gracias a la acción de los espíritus… Nuestro amigo húngaro se percató de este pequeño artificio y enseguida comprendió que este numerito podría llegar a ser el eje central de toda una nueva modalidad artística. Sin embargo, lo que pocos saben es que Houdini tenía pensado un recurso final para escapar hasta de su propia muerte…

A pesar de que siempre se mostró bastante escéptico al respecto, Harry Houdini había tenido una estrecha relación con el mundo del espiritismo y el más allá, siempre contrario a los argumentos de los que creían en los poderes sobrenaturales, como el caso del famoso escritor Sir Arthur Conan Doyle, buen amigo y un habitual en sus tertulias. Precisamente, y para asegurarse de que ningún médium se aprovechaba de su fama una vez criando malvas, el mago previó un  código secreto con su mujer, Bess Rahner, para poder probar como falso cualquier testimonio de fantasma o contacto con su espíritu después de morir. Este supuesto mensaje, que tan solo conocían ellos dos, no fue nunca revelado, aunque poco después del fallecimiento del artista, en 1926, su viuda emprendió una gran campaña pública con una recompensa de 10.000 dólares destinada a quien pudiese acreditar que había contactado con su difunto esposo. De hecho, Rahner mantuvo una vela encendida al lado de una foto de su amor durante más de 10 años, a la espera de un mensaje que nunca llegó…

Harry Houdini y su mujer Bess en 1913

Houdini había dejado por escrito antes de morir que, si existía alguna forma de contactar con el mundo de los vivos, él la encontraría. Con este código quedó claro que, como él siempre decía, esta vía era del todo imposible. O, por lo menos, que él no fue capaz de encontrarla… Mucho se ha especulado sobre la veracidad de este truco final del genio húngaro; en cualquier caso, lo que el paso de los años acabaría por demostrar es que su figura ha traspasado el espacio y el tiempo, aunque no haya sido de manera literal…